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AcciOn: Un nuevo panorama laboral. Regreso al pasado

Acción nace con la idea de ir aglutinando en una misma bitácora, todas aquellas acciones o denuncias en defensa de los derechos humanos que se organizen a través de la Red.

Un nuevo panorama laboral. Regreso al pasado

¶ j m Y - H:i / Guardado en: Denuncias
Carpeta/s: España | Europa

Por Herminia Botella y Santi Castellano, licenciados en Derecho



En los últimos años algo – y mucho– ha cambiado en nuestro panorama laboral: alguien ha movido ficha, cogiéndonos desprevenidos y dejándonos con la boca abierta y desconcertados. Un conjunto complejo de causas han servido porque la cruzada ultraliberal tomara de nuevo el timón de los tiempos, trastocando conquistas laborales que parecían irrenunciables y desordenando un amplio espacio del bienestar –tanto del bienestar individual como del colectivo. Intentamos señalar algunas de las llaves que podan conformar el diagnóstico del que está pasando en el mercado laboral.

En primero lugar asistimos a aquello que podríamos denominar una “privatización” del derecho laboral: un derecho nacido como un mecanismo por intervenir en una relación desigual que se daba entre el empresario y quien vendía el único bien que poseía, la mano de obra. Por evitar el abuso, la explotación y las condiciones inhumanas hacia las cuales fácilmente degeneraba esta situación, progresivamente, y gracias a la ardua lucha de los movimientos sindicales y políticos, fue conquistándose un derecho capaz de limitar los abusos. Así, el derecho laboral se fue modelando como un instrumento de protección del trabajador, una garantía para la parte más débil de la relación laboral, y un límite al poder de quien compraba la mano de obra contratante trabajadores. Este es el concepto de derecho laboral que parece haber tocado fondo. La libertad porque las partes decidan las claúsulas del contrato de trabajo – duración, salario, condiciones, etc.– supone una ruptura de este derecho protector. Sin embargo, las partes no negocian en igualdad de condiciones; una de ellas, el empresario, se encuentra en una posición de fuerza, ofrece duraciones, salarios y condiciones hechos a su medida, mientras que el trabajador sabe que si no acepta otra persona será contratada en lugar suyo, que nadie es imprescindible y que las listas de parados son largas. Los límites del derecho son cada vez más mínimos, los contratos cada vez más flexibles, las exigencias de productividad cada vez más granos y las irregularidades aceptadas por el trabajador cada vez más descaradas (aceptar trabajar más horas de las que cobra, falsear la categoría de su trabajo, cobrar menos del que le corresponde según el convenio, ...). Esta privatización del derecho laboral adelanta segura y con buen ritmo, y no parece verse la línea de llegada. Habrá derecho laboral en el siglo XXI o la mano de obra volverá a ser considerada como una mercancía más al único albor de la ley de la oferta y la demanda?

Una de las consecuencias más claras de este proceso es la inestabilidad laboral. Nuestra generación ha pasado de una sociedad en la cual el trabajo de una persona era uno sólo y de por vida, a una sociedad en la cual los cambios de puesto de trabajo, adecuadamente aliñados con periodos de desocupación son nuestro pan de cada día. Una batería de nuevos contratos laborales – los contratos basura– sustituyen a los antiguos contratos indefinidos. Así, aparecen en escena, contratos por tres meses con quince días de prueba, que se prorrogan hasta el límite del que es permitido por acabar despachando el trabajador por tal de no hacerlo fijo; contratas de aprendizaje donde nadie enseña nada y el despido es casi automático; contratos en prácticas con el 60% del sueldo para trabajadores con una amplia experiencia a sus paletillas; y por último, los contratas de obra y servicio que finalizan cuando s’acaba una obra o servicio determinado, o sea, en la práctica cuando quiere el empresario.
Así, el tránsito del trabajo al del paro es rápido y casi seguro, aunque imprevisible: hoy trabajas, mañana ya lo veremos… y cada vez la cobertura de l’paro es menor (hemos pasado de tener derecho a 6 meses de indemnización por desocupación por año trabajado, a tener derecho sólo a tres meses y menos cantidad… suma y sigue).

Además de esta inestabilidad otra palabra clave define el actual panorama laboral: la precariedad. Con los nuevos contratos temporales el despido puede producirse en cualquier momento y casi sin costes para el empresario; en estas circunstancias, a ver quienes se queja. Cada vez se exige más productividad, se trabaja a precio alzado, los horarios se cumplen al pie de la letra cuando no se sobrepasan, los salarios son los más bajos posibles y sin expectativas de crecimiento, y los derechos sociales se quedan en estado letárgico por el miedo al despido. A veces, el trabajador se ve obligado a aceptar irregularidades que lo perjudican por no verse en la calle: trabajar sin contrato, cobrar menos del que está estipulado en el convenio, hacer más horas de las reglamentarias, o realizar trabajos de órdago superior haciendo constar en lo contrato categorías inferiores…Toda una ganga.

Por tal de paliar esta situación vienen de otro planeta, y siguiendo una reluciente estrella de oro, las empresas de trabajo temporal (ETT). Se aprovechan de la alta tasa d’paro y acumulan currículums d’parados que ofrecen como mano de obra barata en las empresas, y se quedan con una parte substanciosa del triste salario del trabajador. Las empresas no contratan directamente el trabajador sino que lo contrata la ETT por unos días o por unas horas. El resultado: igual o más trabajo, menos salario, peores condiciones y ninguna estabilidad laboral.

Todos estos cambios no se dan en un medio hostil, al contrario: mientras los beneficios empresariales van en aumento, las empresas cada vez contratan menos y en condiciones más precarias. Así, mientras al trabajador se le desmonta su seguridad y la calidad de vida y se le deteriora su bienestar individual y familiar, puede contemplar – durante la media parte de los partidos de fútbol descodificados en interés general– como le cae encima este edificio que parecía tan sólido de el Estado de bienestar. Todas las piezas del puzzle encajan a la perfección… y además son malos tiempos para la poesía.

Una nueva filosofía “popular”, en el peor sentido del término, pretende explicar la ausencia de nuevos contratos de trabajo y el alto grado de precariedad y de inestabilidad, con los altos costes de el despido para el empresario. Una fórmula que puede resultar parcialmente cierta en el caso de las pequeñas y medianas empresas, pero se dice poco con el nulo aumento de ocupados a qué ha dado lugar el aumento de los beneficios empresariales. La cuadratura del círculo supone intentar *bescanviar los costes de el despido por la estabilidad laboral. Si el contrato es fijo, no lo es porque se le denomine fijo, sino porque los costes de el despido hacen que el empresario tenga que pensarselo más de una vez antes de despachar el trabajador. Si consentimos que el despido sea “barato”, aunque en el contrato se denomine “fijo”, “estable” o como se quiera decir, el empresario tendrá la duración del mismo en sus manos, será tan “fijo” o esporádico como quiera el empresario. Se olvida, además, que la estabilidad laboral es algo más que un “coste empresarial”, es un indicador directo de calidad de vida por el trabajador y su entorno familiar, es la diferencia entre la mercancía y la persona.

Versión Original

Un nou panorama laboral. Retorn al passat

Herminia Botella i Santi Castellà, llicenciats en Dret

En els últims anys quelcom – i molt – ha canviat en el nostre panorama laboral: algú ha mogut fitxa, agafant-nos desprevinguts i deixant-nos bocabadats i desconcertats. Un conjunt complex de causes han servit perquè la croada ultraliberal prengués de nou el timó dels temps, trastocant conquestes laborals que semblaven irrenunciables i desordenant un ampli espai del benestar – tant del benestar individual com del collectiu. Intentem assenyalar algunes de les claus que poden conformar el diagnòstic del que està passant en el mercat laboral.

En primer lloc assistim a allò que podríem denominar una “privatització” del dret laboral: un dret nascut com un mecanisme per intervenir en una relació desigual que es donava entre l’empresari i qui venia l’únic bé que posseïa, la mà d’obra. Per evitar l’abús, l’explotació i les condicions inhumanes cap a les quals fàcilment degenerava aquesta situació, progressivament, i gràcies a l’àrdua lluita dels moviments sindicals i polítics, va anar conquistant-se un dret capaç de limitar els abusos. Així, el dret laboral es va anar moldelant com un instrument de protecció del treballador, una garantia per a la part més dèbil de la relació laboral, i un límit al poder de qui comprava la mà d’obra contractant treballadors. Aquest és el concepte de dret laboral que sembla haver tocat fons. La llibertat perquè les parts decideixin les cláusules del contracte de treball – durada, salari, condicions, etc.– suposa una ruptura d’aquest dret protector. No obstant això, les parts no negocien en igualtat de condicions; una d’elles, l’empresari, es troba en una posició de força, ofereix durades, salaris i condicions fets a la seva mida, mentre que el treballador sap que si no accepta una altra persona serà contractada en lloc seu, que ningú és imprescindible i que les llistes de parats són llargues. Els límits del dret són cada cop més mínims, els contractes cada cop més flexibles, les exigències de productivitat cada cop més grans i les irregularitats acceptades pel treballador cada cop més descarades (acceptar treballar més hores de les que cobra, falsejar la categoria del seu treball, cobrar menys del que li correspon segons el conveni, ...). Aquesta privatització del dret laboral avança segura i amb bon ritme, i no sembla veure’s la línia d’arribada. Hi haurà dret laboral en el segle XXI o la mà d’obra tornarà a ser considerada com una mercaderia més a l’únic albor de la llei de l’oferta i la demanda?

Una de les conseqüències més clares d’aquest procés és la inestabilitat laboral. La nostra generació ha passat d’una societat en la qual el treball d’una persona era un de sol i per a tota la vida, a una societat en la qual els canvis de lloc de treball, adequadament amanits amb períodes de desocupació són el nostre pa de cada dia. Una bateria de nous contractes laborals –els contractes escombraries – substitueixen als antics contractes indefinits. Així, apareixen en escena, contractes per tres mesos amb quinze dies de prova, que es prorroguen fins al límit del que és permès per acabar despatxant el treballador per tal de no fer-lo fix; contractes d’aprenentatge on ningú ensenya res i l’acomiadament és gairebé automàtic; contractes en pràctiques amb el 60% del sou per a treballadors amb una àmplia experiència a les seves espatlles; i per últim, els contractes d’obra i servei que finalitzen quan s’acaba una obra o servei determinat, o sigui, en la pràctica quan vol l’empresari. Així, el trànsit del treball a l’atur és ràpid i quasi segur, encara que imprevisible: avui treballes, demà ja ho veurem… i cada vegada la cobertura de l’atur és menor (hem passat de tenir dret a 6 mesos d’indemnització per desocupació per any treballat, a tenir dret només a tres mesos i menys quantitat… suma i segueix).

A més d’aquesta inestabilitat una altra paraula clau defineix l’actual panorama laboral: la precarietat. Amb els nous contractes temporals l’acomiadament pot produir-se en qualsevol moment i gairebé sense costos per a l’empresari; en aquestes circumstàncies, a veure qui es queixa. Cada cop s’exigeix més productivitat, es treballa a preu fet, els horaris es compleixen al peu de la lletra quan no es sobrepassen, els salaris són els més baixos possibles i sense expectatives de creixement, i els drets socials es queden en estat letàrgic per la por a l’acomiadament. A vegades, el treballador es veu obligat a acceptar irregularitats que el perjudiquen per no veure’s al carrer: treballar sense contracte, cobrar menys del que està estipulat en el conveni, fer més hores de les reglamentàries, o realitzar treballs de categoria superior fent constar en el contracte categories inferiors…Tota una ganga.

Per tal de pal•liar aquesta situació vénen d’un altre planeta, i seguint una relluent estrella d’or, les empreses de treball temporal (ETT). S’aprofiten de l’alta taxa d’atur i acumulen currículums d’aturats que ofereixen com a mà d’obra barata a les empreses, i es queden amb una part substanciosa del trist salari del treballador. Les empreses no contracten directament el treballador sinó que el contracta l’ETT per uns dies o per unes hores. El resultat: igual o més treball, menys salari, pitjors condicions i cap estabilitat laboral.

Tots aquests canvis no es donen en un medi hostil, al contrari: mentre els beneficis empresarials van en augment, les empreses cada cop contracten menys i en condicions més precàries. Així, mentre al treballador se li desmunta la seva seguretat i la qualitat de vida i se li deteriora el seu benestar individual i familiar, pot contemplar – durant la mitja part dels partits de futbol descodificats en interès general– com li cau a sobre aquest edifici que semblava tan sòlid de l’Estat de benestar. Totes les peces del puzle encaixen a la perfecció... i a més són mals temps per a la poesia.

Una nova filosofia “popular”, en el pitjor sentit del terme, pretén explicar l’absència de nous contractes de treball i l’alt grau de precarietat i d’inestabilitat, amb els alts costos de l’acomiadament per a l’empresari. Una fórmula que pot resultar parcialment certa en el cas de les petites i mitjanes empreses, però que s’adiu poc amb el nul augment d’ocupats a què ha donat lloc l’augment dels beneficis empresarials. La quadratura del cercle suposa intentar bescanviar els costos de l’acomiadament per l’estabilitat laboral. Si el contracte és fix, no ho és perquè se’l denomini fix, sinó perquè els costos de l’acomiadament fan que l’empresari hagi de pensar-s’ho més d’una vegada abans de despatxar el treballador. Si fem que l’acomiadament sigui “barat”, encara que el contracte s’anomeni “fix”, “estable” o com es vulgui dir, l’empresari en tindrà la durada a les mans, serà tan “fix” o esporàdic com vulgui l’empresari. S’oblida, a més, que l’estabilitat laboral és quelcom més que un “cost empresarial”, és un indicador directe de qualitat de vida pel treballador i el seu entorn familiar, és la diferència entre la mercaderia i la persona.

Anotado por AcciOn | |
  1.    ¶ j m Y - H:i     

    AvatarEs verdad, suscribo como trabajador que soy de una empresa de manufacturas internacional, que en los últimos 20 años (llevo trabajando 35 años para esta empresa) se han perdido grandes avances sociales y laborales que se consiguieron en las luchas sindicales pre-democracia y a inicios de esta joven democracia.
    Aun recuerdo los ‘grises’ corriendo detrás, pegando tiros con balas de sal y de goma, y dando mamporros a tutiplen…. todo aquello para que hoy día aquellos que decian ser parte del pueblo nos hayan vendido de mala manera a la clase trabajadora durante los últimos 20 años. Estsos ‘sindicatos de clase’ son los que en connimencia con los grandes empresarios nos estan vendiendo parcela a parcela por que sencillamente estos sindicatos son EMPRESAS y como tales tienen que velar por sus intereses…

    Asi nos va a los trabajadores de a pie… mi hijo con casi 30 años y aun esta en casa y no ha dejado de trabajar en los ultimos cinco años.

      Comentario escrito por Desperado    →

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